lunes, 14 de diciembre de 2009

Noche de agosto

La noche fue larga, una copa tras otra, gente que se tambaleaba al ritmo de aquella gran discoteca en el medio de la plaza, andábamos sin control.
Buenas noches chicas. Venga hasta luego, te dejamos aquí, que te quedas en buena compañía.
Cuando menos me lo esperaba gritaban a los cuatro vientos mi nombre, era aquella rubia que me dejo, con una buena intención en aquellos brazos. Se acercó con su adorable compañero que le daría una noche placentera en los verdes campos, bajo aquella maravillosa noche de agosto.
Estábamos hablando los cuatro, entre nosotras había un idioma que ellos no llegaban a comprenderlo, nuestros guiños, gestos y miradas. Sabíamos todo.
Al poco tiempo, un coche aparcó al lado nuestro, en unos momentos unos cinco individuos bajaron del coche y su principal objetivo era aquel maletero a rebosar de litros de alcohol, uno de ellos se quedó mirando de una forma poco discreta, cuando se acercó, ellos dos, reconocieron su cara, fue una conversación que a la rubia y a mí no nos interesaba, menos mal que no fue tan larga. Cuando aquella conversación hubo finalizado, no me dejo que pronunciara ni una sola palabra, el sació mis ganas con aquel beso.
Doblamos la esquina, y aposentados en un coche, supimos estar entretenidos durante unas horas.
Volvimos al lugar donde nos conocimos. y fuimos durante un tiempo escaso a ver a los nuestros que seguían con las copas alzadas al aire, que en cada vaivén salpicaba goterones de licor.
Nos encontramos de nuevo, y en aquel parque solo habitaba la soledad y la oscuridad bajo el resplandor de la luna, que en escasos tiempos daría paso al Lorenzo.
Aquella excitación múltiple no dejaba paso al respiro, dos respiraciones agitadas al compás de la música de fondo.
Eras lo inevitable de la noche, y supiste saciar mis ganas de la mejor forma.

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