sábado, 12 de junio de 2010

Éxtasis múltiple

Eran las doce de la noche, ella estaba sentada en su sofá comiéndose un helado de avellana ya que el calor se manifestaba en aquella época de junio.
En ese momento sonó su movil. En la pantalla apareció, parpadeante el nombre de él y un hormigueo asaltó su estómago.

¿Sí?

Hola, soy yo; perdona que te llame tan tarde.
No pasa nada; estoy terminando de cenar.
¿Y qué vas a hacer ahora?
¿Pues irme a la cama. porqué?
Quiero proponerte algo. Estoy en mi casa, en mi cama, túmbate en la tuya y apaga las luces.
¿Qué llevas puesto?
El pijama
Desnúdate.
Yo lo estoy.
¿Ya?
Sí.
¿Del todo?
Completamente.
Ahora coge el móvil con una mano, deja la otra libre y no hables; sólo escucha y haz lo que yo te diga.
No dijo ni una palabra, se dejó llevar haciendo exactamente lo que él le pedía. Cada vez se fué relajando más hasta llegar a un punto en el que parecía estar flotando, escuchando la voz al otro lado del móvil que seguía pidiéndole acciones y contándole las que él hacía. Parecía imposible que una voz pudiera provocar tanto y una sola mano proporcionar tanto placer. Siguió disfrutando con su voz, mientras le daba las instrucciones que le marcaban el camino para llegar al final.
Colgó sin despedirse y apagó el teléfono.
Tumbada, inmóvil, así permaneció hasta que se quedó dormida.
Por la mañana un sms de él parpadeaba en la pantalla del móvil: "Volvemos a hablar así cuando tú quieras. Besos".

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