Estuve al borde del abismo, pero algo me freno, cuando las yemas de mis dedos estaban rozando el límite, sentí aquellas suaves manos que agarraron mi brazo en el último instante, cuando mi cuerpo iba a ser arrojado al vació por su propia inercia y la que yo ejercitaba en esos momentos.
Sus labios pronunciaron las palabras mágicas, es duro, tenemos que vivir con ello, pero Te quiero.
No dude un instante en lanzarme a su cuello y abrazarlo como nunca antes lo había echo y en decirle las cosas que nunca le susurre al oído.
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