Cinco de la mañana, mirando a las musarañas en la cama y siento que el móvil empieza a lucir fogosamente.
¡Si! es el, no me explico que querrá a estas horas de la madrugada pero no dudo ni un instante en responder.
-Buenas noches
· ¿pero que horas son estas?
-lo sé, pero me apetecía escucharte y hacer algo juntos.
. ¿cómo qué?
-el otro día vi una película que me sugirió una gran idea. Déjate llevar por mí, si es que confías.
Dejé mi cuerpo lo más relajado posible y las mis manos se guiaron a donde el guiaba, a veces me decía como se comportaban las suyas. Iba en aumento el proceso de acción-reacción.
Las respiraciones de ambos se iban agilizando con el paso del tiempo y mi mirada andaba perdida intentaba buscar un punto fijo pero en ese momento no era capaz de concentrarme en eso.
Cuando la cosa se iba relajando me dijo que deberíamos colgar y por la mañana hablaríamos de nuestra nueva experiencia.
Lo último que él pronunció fue “Salvando las distancias pequeña”
Coloqué mis manos debajo de la almohada como acostumbro ha hacer y caí muerta del sueño
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