Me bajo del coche, me enciendo un pitillo y sin ningún animo de tener que recibir 2 dos horas de clases de inglés, con toda la calma, me voy acercando poco a poco al aula que me corresponde, leo el letrero y con la cabeza baja me dispongo a entrar la clase, ya ha empezado, unos cinco minutos de retraso que llevo, pero la profesora no le da mucha importancia a mi retraso, voy sacando los libros y las fichas que debía de tener echas para la clase del día, pero la vagueza que a tenido mi cuerpo durante todo un fin del semana, hace que en unos minutos esas fichas estén hechas aunque sea de la peor manera.
La clase transcurre con la máxima lentitud que yo me podía esperar, pero como este no es el día que me corresponde a mí para tener todos los sentidos en la explicación del día, saco de mi bandolera una pequeño bloc de notas, en el cuál voy a dibujando lo que se me pasa por la mente en ese mismo momento, va pasando las clase y aquellos simples dibujos que no quería dibujar, sin ningún sentido, van tomando la forma de un pequeño mundo en el cuál me veo involucrada, parece que lo que dibujo es mi estado de estos días anteriores.
Algo me llama la atención, suena la puerta y al parecer es mi joven compañero de mesa, se sienta a mi vera y me pregunta que es lo que se ha hecho en la hora que él había faltado, le contesto con la más sincera respuesta diciéndole, que en la clase de hoy no había prestado atención, y a la vez que yo continuaba hablando, me corta y me dice que lleva un día nefasto, parece ser que tenemos algo en común a parte de la edad, los días nos acompañan con un flojeo semanal que no podemos ni creerlo, dejamos que transcurran los minutos y en una de esas ya es la hora, parece que el haber hablado con él me hizo que la clase que se me estaba haciendo eterna, terminara en menos de un abrir y cerrar de ojos.
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