
Eran las ocho de la mañana, uno de esos días infernales de invierno, mientras Carla preparaba sus cosas para realizar su gran esperado viaje, con el fin de poder reencontrarse con unos vecinos de toda la vida, que se habían ido a vivir a Florencia, ellos habían sido para ella como sus segundos padres, con ellos había vivido experiencias maravillosas, pero un día cuando ella tenía 10 años, ellos tuvieron que emigrar hacia otro país por el trabajo de Manuel, cuando Carla supo la noticia.
Hizo de esa noticia otro mundo, no salía de su habitación, y apenas comía, pensabo que así podría arreglarlo todo, y que no se marcharían. Pero no fue así, el 24 de febrero del 1999 estaba acompañado a titos como ella los llamaba al aeropuerto de Sevilla, que desde allí viajarían unas cuantas horas hasta su próximo destino, Florencia.
Carla poso los días si decir palabra, sin cruzar una sola mirada con lo que estaba ocurriendo en la realidad, pensaba que todo era un sueño que no era verdad y que Manuel y Adela, estarían en el quinto piso cuando ella fuera a sacar a Eus el perro de sus vecinos.
Ella empeoraba en cada segundo que transcurría la vida, la comida ni la probaba, no tenía apetito alguno.
Fue pasando el tiempo y en menos de un abrir y cerrar de ojos Carla se encontraba en la habitación 104 del Hospital ‘La buena Flor’. Ella se preguntaba porque tenía tantos aparaos conectados a ella, y la única explicación fue, que a causa de su perdida de apetito, había entrado en una enfermedad, anorexia, los padres de Carla llamaron a Los vecinos del quinto y en menos que canta un gallo estaban en Sevilla, cuando llegaron, era la hora de la comida.
Para hacer que Carla comiera era todo un dilema, pero en cuanto vio asomarse a la puerta de la habitación unas miradas familiares, se le encharcaron los ojos de lágrimas y su apetito se abrió, comido aquel dichoso puré de color naranja que no era nada apetecible, pero con solo ver a esas dos personas que tanto extrañaba se le pasaron todos sus males, a la semana le dieron el alta, y con sus vecinos en casa Carla volvió a ser la misma de siempre, esa niña alegre que no paraba de juguetear con Eus el adorable perro que a ella tanto la gustaba.
Pero volvió a llegar el día, y esas dos personas tan importantes regresaron a su nueva ciudad, pero le prometieron a Carla que las Navidades de cada año las pasarían juntos, y que en su décimo-octavo cumpleaños podría ir a visitarles a la bonita Florencia.
Día 29 de Noviembre del 2008 allí estaba Carla junto a su gran maleta de color rojo charol esperando al vuelo 574 que partía hacia Florencia.
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