Dime que tienes hay, ¿Qué es eso que desde hace unos días escondes en el fondo de tu armario?, esa fue la pregunta que ella le hizo a Gabriel, transcurrieron unos minutos y el seguía callado, sin soltar prenda de lo que se traía entre manos.
Ella tenía tanta curiosidad que no se pudo contener, y se levantó de aquella vieja silla de mimbre, el también se levantó y se interpuso en el camino que ella quería seguir para conseguir aquello.
El le dijo; no te lo puedo enseñar, es algo que te daré cuando yo lo vea oportuno y cuando crea que he tomado la decisión correcta.
Llego la hora de marcharse, y ella no quiso ni un beso de despedida, ni un mañana nos vemos. Lo único que quería era llegar a casa, darse una ducha de agua bien fría para ver si la llegaba la inspiración y poder saber que era. Pero ni la ducha, ni el estar 4 horas seguidas tumbada en la cama pensado, le hizo saber aquello, que ella con tanta ansia deseaba saber.
No se vieron en dos días y al tercero, recibió una llamada extraña, que la citaba en la cafetería que estaba al lado del local en el que trabajaba Gabriel.
Se adelantó unos minutos y allí no había nadie, solo un chico que ocultaba su mirada detrás de unas gafas de sol, ella se acercó y le dijo que si era el al chico que esperaba, el no contestó, solo extendió la mano, y le dio una carta que venía a nombre de Gabriel Satión.
Abrió la carta, y se dispuso a leer, era un escrito de despedida, en el que decía que la vida le había dado un vuelco de 360 grados, y que ella no merecía sufrir por eso, el se iba, y dejaba todo.
Y en un post-it que estaba pegado detrás del sobre ponía, esto es lo que te escondía, esta es la carta que con tantas ansias querías conseguir, pero ahora comprenderás porque no te la di antes, porque tenía que tomarme mi tiempo.
Las lagrimas empezaron a derramarse por aquella pálida cara, sin saber como asumir aquella dura despedida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario